Lobos
Una novela que me cuesta explicar
Hoy no voy a escribir sobre escritura creativa. Hoy quiero contarles que Lobos, mi primera novela, ha sido publicada bajo el sello editorial de Oscar Todtmann Editores.
Lobos la empecé a escribir hace mucho tiempo ya. Mi segundo hijo era aún muy pequeño, yo trabajaba en un almacén y la verdad me sentía muy a la deriva emocionalmente. Tenía mucho tiempo sin escribir y todo me parecía inútil, fatuo y vacío. Algunas noches dormía a Max, es decir, me sentaba en un puff a nivel de suelo y cargaba en brazos al niño hasta que se dormía. A diferencia de mi primera hija, al segundo retoño no le gustaba que le cantara para dormir. Así que me sentaba ahí, sin nada que hacer, en la oscuridad, con el teléfono en la mano casi siempre perdiendo el tiempo en las redes sociales. Una noche, sin quererlo, empecé a reflexionar sobre mi vida, sobre mi pasado, especialmente sobre mi familia, mi lugar en ella, el rol que había tenido, mi experiencia como niño, los eventos que implosionaron aquel núcleo familiar. Y movido por una necesidad inexplicable, arranqué a escribir en la aplicación de notas de ese teléfono, un poco cada noche.
Los años pasaron y las notas quedaron allí, latentes. La vida siguió como siguen las vidas, rutinaria, a veces feliz, otras cruel. En el medio pasaron años, pasaron cosas, entonces vino el covid y el encierro. Durante esa época tomé unos cursos de escritura dramática. Para los ejercicios necesitaba una historia o un proyecto, entonces eché mano de las ideas que había escrito años antes mientras dormía a mi hijo. Intenté escribir con ello una obra de teatro que quedó inconclusa.
En ese taller me pidieron que trabajara en torno a una noticia. Me puse a buscar en el internet, sin mucho entusiasmo la verdad, más con el deseo de cumplir con la asignación que otra cosa. Entonces encontré una que resonó con mis viejos escritos: un niño que se había perdido en una montaña hacía mucho y sus padres, veinte años después, aún esperaban su regreso. Todo aquello me conmovió, mucho más porque el niño hubiera tenido alrededor de mi edad para aquel momento, así que investigué sobre aquello, movido por una obsesión absurda que aún no puedo explicar. Era como si algo allá afuera conectara emocional y poéticamente con mi pasado y, en consecuencia, con lo que yo había escrito.
Aquí hago un aparte. Siempre he admirado la obra de David Lynch. Especialmente la más etérea, la más cercana a lo onírico. Creo que he visto toda su filmografía, incluidos sus primeros cortos, unas piezas extrañas, oscuras y fascinantes. Pero hay una pieza que me impactó y que siempre ha estado retumbando en mi memoria: Rabbits (Conejos), una obra ajena a la razón, basada en la extrañeza, en lo onírico, en lo siniestro que implica comunicarse, en la bestia que es la palabra, en lo absurdo que termina siempre la otredad como espejo ontológico de nuestra individualidad. Esta obra fue el catalizador final, el hilo que me reveló Lobos como una especie de metaficción onírica, lúdica, fragmentada e incómoda. Rabbits conectó todos los puntos del dibujo, mostrándome la imagen de un escritor vestido con una máscara animal.
Algunos me preguntan de qué va la novela y no sé exactamente qué decir.
Porque Lobos no obedece a una estructura, una historia, un género, no es real, no es un sueño ni una pesadilla, menos aún implica estar despierto. Como dije, no sé exactamente qué responder. Y ante mi incapacidad, prefiero usar las palabras de Fedosy Santaella, asesor, corrector y uno de los editores literarios del libro. Creo sin duda que él logra decir con mucho atino aquello que me cuesta tanto expresar:
“No existen categorías en el universo de lo siniestro. En esta historia todo lo
familiar se vuelve extraño: la familia, el niño, el padre, la madre, el juguete, la escuela, el amigo invisible, una excursión a la montaña. Todo es y nada es sobre el escenario teatral que es la vez un sitcom lynchiano. Un chihuahua es de pronto un yorki, unos ganglios brotados, unas fresas, y un escritor, un padre y un niño. Este libro de Vicente Forte es una máquina fascinante que gira sobre sí misma, que se devora a sí misma, que crea sobre lo ya creado, pero donde todo, sin embargo, es asombrosamente diferente y nuevo. Acá, el lenguaje, inquieto y libre, se encuentra en constante movimiento, creando un mundo permeable, rizomático, dimensional, oscuramente luminoso.
En Lobos, la literatura vuelve a ser literatura”.
Por mi parte y si todavía insisten, creo que puedo decir que Lobos es una novela sobre la familia como clan sagrado e impío, como territorio sitiado, una obra que oscila alrededor de las voces de un niño, de un escritor, de un hijo, de un niño perdido, voces que se fragmentan cuando la realidad ya no alcanza para contar lo que pasó.
No hay mucho más que decir. Sólo me resta una confidencia: me siento aliviado de haberme librado de este libro, llevado por dentro durante demasiado tiempo.



Interesante saber como nacio tu novela. Te felicito y ya estoy esperando que me llegue para leerla. He leido tus textos, y se que no son fáciles. Por eso me encantan 😍